Díganme Para Qué
De verdad hace mucho que no venía por acá... Grey dijo que siempre hay cosas de las cuales hablar, pero no siempre está la disposición para hacerlo.
Necesito despejarme y se me vino a la mente una de tantas reflexiones sociales... Hay ABC1, pobres, emprendedores, indigentes, etc. Al que le tocó le tocó y eso, sin duda, es una lástima.
Pero por qué el ABC1 trata de aparentar ser más light de lo que es frente a una familia modesta. Por qué el pobre, en ocasiones, muestra tanto resentimiento por aquel que nació con más opciones. O en otras, en que, generalmente, familias de clase media se privan de comer para adquirir cosas que les suban el pelo y los muestren al mundo como algo que no son.
Sobre este último grupo pretendo explayarme. Es que he conocido tanta gente como esa... No tienen para comer bien en su casa, pero miran en menos cualquier punto culinario inferior al del Marriot. No tienen auto, pero si ven uno es penca, porque no es el Mercedes Clase C o el Audi que les daría la felicidad.
Por años te dicen que el barrio es poca cosa para ellos, que se van a mudar a un mejor lugar. ¿Pero saben qué? Siguen ahí. Es más, personas que nunca presumieron ya cambiaron su hogar, mientras, aquellos que tienen yernos en gerencias o hijos dueños de empresas siguen en el mismo barrio de siempre con el trillado discurso de lo pudorosos que son.
El de la foto es mi amigo Caté o Claudio Bravo. La vida no se le dio muy fácil y de pequeño se crió solo con su madre. Por lo mismo era extraño verlo en una misma semana con dos polerones diferentes o algún juguete a la moda como el que todos teníamos. Él tiene 3 años menos que el resto de mis amigos y por eso se esmeraban en marginarlo de muchas actividades. Pero el cabro creció. Servía como arquero. Al principio lo marginamos ahí porque era muy chico para jugar adelante, casi una molestia. Sin embargo, le hicimos un favor. Hoy es un arquerazo, desechado de algunos equipos por no superar los 1.80mts.
Pero ése no es el punto... El negro supo convertirse en nuestro amigo, al menos el mío. Una simpatía y forma de ser inigualables que no me cabe duda mantiene hasta el día de hoy.
¿Qué tiene que ver esto con la diferencia de clases? Hasta ahora no mucho... Hasta ahora, porque luego ocurrió algo que me causa gracia y a la vez inspira la reflexión del día de hoy.
El 27/09/1997 fue una fecha especial por muchas razones. No sólo porque era el cumpleaños de Caté, sino porque una vecina estaba de cumpleaños el mismo día y nos invitó a todos a su fiesta. A todos, salvo Caté.
La edad no era una excusa para dejarlo fuera pues la hija de mi estimada vecina cumplía exactamente la misma edad. La razón era otra, lo veían inferior. ¿Inferior por qué? ¿Porque su padre no estuvo ahí? De qué me hablan. Dé qué inferioridad si vivía a 20 metros de nuestra 'acaudalada' vecina.
Al principio el cumpleaños estuvo bien, pero luego llegó mucha gente que no conocíamos. Por consiguiente se sucedió la correspondiente 'división social'. Con el paso del tiempo empezamos a ser minoría en cuanto a vecindad, por lo que salimos un poco a tomar aire. Ahí estaba Caté, solo en la calle sin mucho que hacer además de mirar las luces y los pedazos de torta que abundaban en el cumpleaños.
Eso nos molestó así que decidimos hablar con la dueña de casa para que permitiera que el negro se integrara a la fiesta. Recuerdo su cara de espanto cuando le consultamos. "No me parece que venga ese niñito, están los primos de la Josita y los tíos. Él no tiene nada que ver acá... Además miren cómo anda vestido", dijo la señora.
Se nos ocurrió decirle a Caté que se arreglara, le pasamos unas cosas y un poquito de desodorante. Quedó impecable. Entonces superó la barrera de la presencia y los dejaron entrar.
Al pobre lo sugestionaron tanto que entró con la cabeza más agachada que Mayer Candelo después de botar el penal. Hasta que aparecieron los primillos de Josita con su voz dura de High Society y se pararon frente al negro.
- Oh, oh. Esto no pinta bien- le dije al resto.
Pero ellos le tocaron el hombro, la broma era inminente.
- Oye tú- le dijeron.
- ¿Qué onda?- les respondió Caté.
- Yo a ti te conozco.
De dónde se preguntarán ustedes. Un niñito de bien no tiene por qué conocer al pobre y desastrado Caté.
- Y yo a ti también- acotó de inmediato el negro- Ustedes van en el Trewhelas ¿cierto?
- Síiiiiiii- gritaron los primos.
Se largaron a conversar y contaron muchas anécdotas. Tenían todo un mundo en común. El negro nos contó que ellos iban un curso más arriba que él, pero que jugaban fútbol juntos y por eso se conocían mutuamente.
El punto cúlmine fue cuando a la dueña de casa se le ocurrió que uno por uno los invitados subieran a un podio para dedicarle unas palabras a la cumpleañera. LLegó el turno de Caté y lo miraron con un recelo asqueroso. Dijo lo que tenía que decir y, justo al final, volvió a tomar el micrófono para gritar "Ahhh... Y un saludo al colegio Trewhelas"... Justo en ese instante los primos de Josita saltaron al podio y abrazaron a Caté. Comenzaron a saltar en círculos como lo hacen los pequeños hinchas de Católica en la Tribuna de Campeones, tal cual.
El rostro de estupefacción de ustedes saben quién está demás describirlo.
Creo que el negro fue el último en salir del cumpleaños... La vecina no lo quería, pero sus sobrinitos de bien sí y, contra eso, no tenía nada que hacer.
Claro, nuestra vecinita omitió muchas cosas... Que Caté iba en un mejor colegio que todos nosotros, que a sus 10 años hablaba más inglés que el resto y que tiene unas amistades que hoy, si así lo quisieran, lo podrían situar en una excelente compañía de Publicidad en el futuro.
Pero es mejor quedarse con lo de afuera, prentender ser alguien que no es. Mi vecina no era nadie para discriminar al negro. Nadie lo es. Pero por último sus sobrinitos o parientes sí tenían de dónde jactarse. Sin embargo no lo hicieron. Porque apreciaban de antes compartir con Caté y, de paso, tampoco les importó que viviera al sur de Santiago.
¿Para qué presumir? Por favor, díganme para qué... Porque si es para recibir el golpe a la cátedra que recibió mi vecina, prefiero mantenerme donde estoy o por último nivelar hacia abajo.
Un saludo para todos...
En especial para el Negro que sé que leerá esto. Hoy ya con casi 20 años.
"Häkä"... People, put your party hat on!

