Monday, May 01, 2006

¿Qué es ESO que nos mueve?


Antes de que mi espacio cumpla 2 meses de abandono y me torne el blanco de las críticas quiero plasmar un estado mental.
En una de tantas jornadas reflexivas en mi tiempo libre en San Joaquín, pensé en lo injusto que son los chilenos con los estilos de vida que se alejan del estereotipo. Y todo esto a raíz de una equivocación de Matilde Burgos. En telenoche dijo que la U le había ganado a Colo-Colo por el torneo de apertura (en realidad fue por una Copa Gato) y nadie se dio un tiempo para remediar el error. Entonces me dije: "Si la misma tipa lee que Soledad Alvear le ganó a Mulet en las primarias presidenciales la van a crucificar". Obvio, el error es el mismo. Pero la política es "seria" y el deporte para un par de gordos cerveceros que están frente al sillón preocupados de algo carente de toda relevancia.

Yo creo que consagrar la vida al deporte es algo más que válido, así como otros disfrutan de lo estudiantil o se ponen pernos a la hora de seguir un estilo musical.

Cuando niño soñaba con ser el mejor arquero del mundo. Entrenaba horas y horas junto a mis amigos y en realidad llegué a ser muy bueno. Los profes de las escuelas de fútbol y mis tíos peloteros querían llevarme a toda costa a alguno de los equipos grandes. Me tenían mucha fe.
En la delantera también fui un tipo muy hábil. "Un extraordinario goleador", dijo alguna vez el profe Mazardo.
Todo ese porvenir promisorio a los 8 años de edad(no quiero presumir, pero aunque no lo crean yo era realmente bueno para el fútbol), se esfumó con la muerte de mi abuela y la llegada del nintendo. Lo primero afectó mi parte psicológica, pues caí en un estado de inseguridad que me causaba mucho temor frente a los deportes y el roce que en ellos estaba involucrado.
El nintendo me alejó de las canchas y perdí mucha práctica. El desarrollo crucial de habilidades entre los 9 y 11 años lo desperdicie por los golpes de Street Fighter II.

Luego tuve pasares mediocres por escuelas de fútbol, en las cuales nunca destaqué y pasé sin pena ni gloria. Salvo algunas actuaciones notables en el arco. Lo penoso es que el talento con el pie se había perdido.
Recuerdo un momento es que me encontré con uno de mis amigos playeros y se le ocurrió armar un partido de fútbol. ¿Saben qué? Él me eligió de los primeros porque pensaba que yo era el mismo de 3 años atrás. Nada de eso. Fue asqueroso el partido y me dolió mucho lo que ocurrió ese día.

Ya en séptimo seguía con las escuelas de fútbol, más que nada para hacer deporte. Como empecé a engordar a mi padre le preocupó la figura y me obligó a entrenar al menos una vez a la semana. En ese año para la navidad me regaló un par de raquetas de tenis.
Yo nunca había jugado, pero mi primera presentación ante padre y hermano fue bastante digna. Sólo con noción saqué la cara.
Hasta que un día después de un partido con un amigo este me dijo: "Tienes facilidad, deberías dedicarle tiempo a esto". Luego de una Copa Davis y de presenciar el juego de Mr. Ríos le pedí a mis padres que me financiaran una escuela de tenis.

Y ahí empecé... Me corrigieron un par de errores y me largué a la práctica dura durante 1 año y medio. Luego los estudio y la preocupación por la PAA me alejaron del deporte, pero al menos ya tenía una base.
Jugué y gané un par de campeonatos, sin embargo, nunca -hasta el día de hoy- pude superar el trauma de los jugadores mediocres. Quiero decir que juego a mi nivel o bien cuando tengo en frente a un rival de peso. Si voy a un partido con amigos o familiares suelo jugar pésimo, pierdo muchos juegos y todos terminan por creer que en realidad no tengo tantos dedos para el piano como suelo creer o decir.
En todo caso me conformo con no ser el único... hay muchos como yo que ante rivales "mediocres" o de menor nivel pierden partidos increíbles o les ganan en juegos muy malos.

Hoy por hoy creo que estoy en un gran nivel... así lo dicen mis partidos con tipos de fuste. Pero debo seguir entrenando.

También surgió en mi vida la afición por el tenis de mesa, que me ha dado muchas alegrías. Un deporte que sin duda desarrollé con mucha facilidad y en el que he llegado a vencer a tipos que juegan 200 veces más que yo en el año.

En cuarto medio estuve en la selección de Volley de mi Colegio. Otro acierto en mi vida, pues también solucioné los desafíos que ese deporte me planteó.

Las 4 disciplinas que les acabo de mencionar han desempeñado un papel importante en mi vida pues me motivan y además son responsables de que esté donde estoy ahora. Si en ellos no rindo es evidente que me sienta mal o me fastidie, ya que son una parte esencial de mi historia que está fallando: el leit motiv.

No considero, con todo esto, que mi vida sea inferior o menos interesante que la de otros. Es el camino que yo tomé y el que ha formado en gran medida el carácter que tengo hoy.
En mi alma y existencia: siempre un lugar privilegiado para la actividad deportiva y todo lo que la potencie.

Un abrazo cariñoso...
Häkä