Saturday, June 03, 2006

Así es... mi amigo

Suelo recurrir a este espacio cuando recuerdo algo y siento que no puedo dejarlo pasar. Muchas de esas imágenes mentales quedarán en el tintero, pero la que expondré aquí NO. Talvez porque me arrepiento mucho de lo que hice o, simplemente, porque este ejemplo puede evitar que otros cometan el mismo error que yo cometí.
Para empezar, les aclaro que nada tienen que ver con mi reflexión los personajes que ven en la foto -aunque de cierta forma sí, ya que mi plan es reforzar el valor de la amistad-.
En uno de tantos veranos en los que viajé a Isla Negra (creo que enero de 2002) todo parecía ser igual. Los mismos amigos, la misma gente, el mismo clima, etc. Pero mientras conversaba con los acompañantes de turno sobre lo que hicimos en la capital un grupo de "niños", en ese entonces, jugaba una pichanguita en la cancha del recinto.
Todavía, a mis 17 años, me costaba mucho hacerle el quite a un balón, por lo que insté a mis amigos a que nos mezcláramos con los otros jugadores.
Ellos accedieron amablemente y estuvimos cerca de 1 hora ahí. Cuando terminamos, uno de aquellos niños se me hizo familiar. Cuando me dijo que se llamaba Pablo y un rato después vi su a su hermano, entonces no me quedaron dudas. Se trataba de "ITALIA" -ni siquiera italiano, sino Italia-. Le pusimo así porque hace unos 4 veranos solía vestir la camiseta azzurra 24/7. Todo el día.
Con un poco de esfuerzo mental recordamos varias cosas del pasado y desde entonces fue mi yunta a lo larga de mi primera semana de vacaciones. Armamos equipos de fútbol, me ayudó en mis labores de espionaje (cosa que de verdad aprecié mucho) y fue una compañía importante hasta altas horas de la madrugada junto con otros amigos.
Quienes me conocen saben que soy capaz de encariñarme con las cosas y, por esos días, o portaba mi preciosa paleta de Ping Pong, compañera de tantos triunfos. Mis papás me pidieron expresamente que la cuidara, que no la prestara, qué se yo.
Pero Italia era mi partner de mil batallas. Me pidió que le enseñara a jugar y fue tan buen alumno que de hasta mis arrebatos se colgó.
Una tarde lo dejé jugando con el señor Figueroa -otro gran amigo-. Al regresar tomé mi paleta y quedé con el mango en mi mano. La cabeza y las gomas se fueron al piso. Estaba rota. Mientras miraba con impotencia lo sucedido veía como Italia lanzaba contra la roca de la sala de juegos la paleta que reemplazaba a la mía. Ya todo calzaba: Italia destrozó mi arma de triunfo.
Lo miré. Él en un principio río, sin embargo con el correr de los minutos se percató que yo no estaba para bromas. Me fui indignado y nada de lo que me dijo me hizo regresar.
Creo que estuvo 2 días tratando de pedirme perdón. Pero yo era terco... mi confianza en él de cierta forma se rompió. Figueroa trató de hacerme entender, mas yo no quería nada con Italia. Él ofreció pagarme, traerme una nueva, ir al quisco por un set completo. Y yo dije NO.
Con el tiempo mi actitud fue forzada. Digo esto porque ya no sentía real molestia por lo sucedido. Quizás el orgullo no me dejaba echar pie atrás o, quién sabe, era muy pequeño para entender el valor real de la amistad o de una disculpa sincera.
Por supuesto que de ahí en adelante todo fue distinto. Ya no nos hablábamos. Cuando intenté retomar el contacto lo hice de manera tan estúpida que terminé por empeorarlo todo. Recuerdo que una vez me paré a su lado y empecé a golpearle el brazo hasta que me mirara.
Así como tu golpeas lo mío, yo te golpeo a ti -le dije.
Italia me respondió con un empujón... Ninguno nunca supo leer lo que el otro quiso decir.
Lo que más me desagrada es que mientras se produjo el quiebre Italia jamás habló mal de mí. Le dijo a todo el mundo lo bueno que yo era para los video juegos, para el fútbol, que le había prestado mis camisetas para que jugáramos uniformados, etc. Por su parte tuvo siempre en mente la intención de reconciliar el lazo fraterno.
Pero de seguro después se cansó de sus infructuosos intentos de doblegar la voluntad de alguien sumido en el orgullo.
El verano llegó a su fin... Italia debió partir y se despidió de todo el grupo. Yo quedé para el final. Le di la mano y nos abrazamos fríamente. Al retroceder nos miramos y ambos, en un acto reflejo, nos encogimos de hombros y alzamos la vista. La señal era clara: "Esto pudo terminar mejor"... "Lo estropeamos todo"...

Italia, Pablo o Rana fue una gran persona a la cual no supe perdonar y hasta el día de hoy me arrepiento. Afortunadamente la vida me dio la posibilidad de entrar a la Universidad y hacer amigos y amigas que estarán ahí por siempre. Compañeros de verdad.
En el colegio no los tuve... quizás cuando niño tampoco. Y pienso que me di el lujo de desperdiciar la amistad de alguien que estaba en todas conmigo y que compartía los gustos y amistades. Como díría Ceppi: "Es de esas personas que me llenan el gusto".

Cuiden a sus amigos y dejen el orgullo a un lado. Atrás quedó el día en que una vez Grey se fastidió conmigo. ¿Saben por qué? Porque a los tres minutos se acercó y me dijo que actuó mal. Yo, amparado por mi historia, de inmediato tomé las excusas.

Ojalá la vida me permita toparme nuevamente con Italia y decirle a la cara, después de un abrazo, que fui un verdadero 'PENDEJO'. Así, al menos, eliminaría uno de tantos karmas que acarreo hasta el día de hoy. Con estas líneas, he dado el primer paso.

Häkä